El precio de la verdad

Comentario personal sobre “El precio de la verdad” de Nahuel Briscek

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El precio de la verdad es una película estadounidense de temática dramática que tiene como director a Billy Ray, el que llevó a cabo otras obras audiovisuales como “Breach” y el best seller “Los juegos del hambre”. En esta película, denominada originalmente como “Shattered Glass” el autor, de parte de la Asociación de Críticos de Cine de Chicago, fue reconocido como “Mejor Director Promisorio”.
Centrándonos en la obra en sí, la película narra la historia de un joven periodista, llamado Stephen Glass. Este trabaja en “The New Republic”, uno de los medios más prestigiosos de Washington d.c. (su prestigio es tal que es el único medio de los Estados Unidos que hace acto de presencia en el Air force one). Después que el medio cambie de director, el protagonista publicó un artículo llamado ““Hack Heaven”, en español “el paraíso de los hackers”. En él, se cuenta de forma exacta el camino de un hacker que había extorsionado a una de las compañías de software más importante a nivel nacional. Dicho trabajo periodístico es falso y a lo largo de la película se muestras pruebas en las que se corrobora la falsificación de las pruebas del joven redactor. Una vez despedido, su superior revisa todos sus trabajos, llegando a la conclusión que solo la mitad de sus escritos son verídicos. El resto, total o parcialmente, son inventados por Stephen Glass.
Una vez se confirma que el protagonista tiene menos verdad un actor sobre el escenario, todos sus compañeros de la redacción se dedican a negarlo. Para ellos, Stephen Glass era lo mejor que había en ese medio de comunicación y sus actitudes lo aseguraban. Estos jóvenes periodistas (puesto que la edad media de la redacción no supera los 26 años) no supieron negar la mentira, por que le dieron mayor importancia al locutor de la información que a la información en sí. Así fue cometieron un error de primero de periodismo, negando toda acusación que se le hacía sin necesidad de corroborar.
Por otro lado, todos los procesos de veracidad por lo que pasaba lo que iba al papel no fueron contrastados por fuentes oficiales. Puesto que, al ser así, hubiera colado no más de tres, no veinte como sucedió en la película. Tuvo que llegar la información a alguien ajeno al medio para que esto suceda y, en ese momento, fue cuando se corroboró palabra a palabra lo escrito por el comunicador.
Otro aspecto que cabe mencionar en el personaje de Stephen es la hipocresía en los distintos aspectos. Desde mostrar total apoyo a su nuevo jefe de la redacción para criticarlo instantes antes en la película, argumentando que ha cometido un error metiéndose en lugar de su sucesor, hasta exigir a un nuevo redactor rigor y veracidad en sus trabajos, cosa que él no había hecho.
Cinematográficamente, la obra carece de un nudo interesante que llame la atención al resto de espectadores que están ajenos al mundo del periodismo. Sin embargo, a alguien que está metido en el mundo ahora o en unos años, es una lección de ir siempre con la verdad. El mensaje un poco monótono pero correcto. “Si mientes en una noticia está mal, los periodistas no hacen eso” es como interpreto lo que me quiere decir desde la pantalla. Al igual que en la fábula del pastorcillo mentiroso.
Para cerrar el trabajo, he de comentar que lo más importante de la publicación de noticias falsas es mostrar el arrepentimiento, admitir la falsedad del trabajo y pedir disculpas a los afectados. No construir un mundo de mentiras que se caerá por su propio peso. Pero, a la hora de tratar con información delicada (como una filtración exclusiva sobre asuntos gubernamentales donde a los afectados se le caiga el pelo y, como efecto domino, a la democracia) ¿merece la pena mentir u ocultar cierta información o es preferible ser veraz?