Ensayo de "De Orwell al cibercontrol"

De Orwell al cibercontrol es un libro escrito por el sociólogo belga Armand Mattelart y por el que es profesor emérito de la Universidad de Burdeos III (que como bien indica su nombre pertenece a la localidad de Burdeos ubicada en Francia), André Vitalis. Dicha obra fue publicada en el año 2015 por la Editorial Gedisa ubicada en nuestro país, más concretamente en Barcelona, teniendo una distribución a nivel mundial.
A modo introductorio, cabe mencionar los trabajos previos de los escritores de tal obra. Comenzando con el escritor francés (André Vitalis), que se ha convertido en autor de Informatique, pouvoir et libertés (obra que explora nuevas vías, nuevas herramientas, a veces nuevos derechos, para dar su verdadero valor a la vida privada: lo que consiste en poder elegir y conducir la vida pública). Además de escribir diversos estudios centrados en el reto que enfrentan las luchas a favor de la protección de datos en Francia, siendo “De Orwell al cibercontrol” su obra más importante y reconocida.
Del otro lado de la cama, encontramos al belga Armand Mattelart. Dentro de sus reconocimientos más destacados podemos saber que recibió el Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Nuevo León (en el año 2007), Universidad Nacional de Córdoba (2011), Universidad de Málaga (2014), Universidad de la Habana (2015) y por la Universidad de Valladolid (2016) por haber sido referentes en la investigación crítica en comunicación de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Dentro de su amplio historial de libros podemos destacar “Para leer al pato Donald”, “Un mundo vigilado” o “Historia de las teorías de la comunicación”, centrándose en el mundo de los medios de comunicación y las teorías de las misma (como bien dice el título de su última obra mencionada).
Centrándome al ensayo y a los objetivos marcados, me gustaría comentar, críticar y opinar (en ese orden) sobre lo que nos intentan comentar los autores ya mencionados de la obra. En el cuarto capítulo con el nombre de “La informática al rescate de un déficit de gobernabilidad”. En dicho capítulo las tecnologías y cambios tecnológicos se nos presentan como forma de salir de las crisis económicas sufridas por los estados industrializados. Aquí fue cuando se inició el proceso de “mundialización” o “globalización” que conocemos en la actualidad.
Teniendo en cuenta que el primer subapartado se basa en la introducción al primer tema del cuarto título, el segundo apartado se basa en la crítica del compromiso keynesiano, como bien indica su nombre. El modelo keynesiano se basa en el intervencionismo del Estado, defendiendo la política económica como la mejor herramienta para salir de una crisis económica. Grosso modo, se basaba en el truco en el que salían beneficiados por los “Estados Providencia” lo que posibilitó la implementación de estos “Estados de Bienestar” en los países desarrollados fue el “abuso económico” llevándolo a cabo en países subdesarrollados y en países en vías de desarrollo.
Este tipo de intercambios, los beneficiados fueron las élites. Por lo que estos países lograban a un precio mucho más reducido las principales materias primas y fuentes de energías, inclusive siendo sin cargo alguno para los subordinados. Hasta que ocurrió la sublevación económica de aquellos en vías de desarrollo o subdesarrollados, dejando pendiente de un hilo el sistema económico que había en la parte poniente del mapamundi.
Ambos autores critican a los “Estados Keynesianos”, puesto que, en el marco histórico de los ochenta, los gobiernos son incapaces de abastecerse de bienes económicos únicamente nacionales, es decir, no pueden ser autosuficientes. Así es como surge el concepto de “mundialización de los estados”, formado un súper-Estado de las empresas trasnacionales que controlan la economía en los estados. Por lo que somos espectadores de los mercados que se autorregulan con autorreguladores del sistema económico. Simultáneamente también están viento en popa las nuevas formas de pensar de corte liberal.
Comparto la opinión con los autores de la obra puesto que esta ideología tiende a naturalizar los mecanismos de vigilancia y de hipercontrol que recibimos los compradores, sin importar clases sociales, puesto que, indirectamente, se le está cediendo el poder a estas. No solo para que se produzca la vigilancia ni el hipercontrol sino también para llevar a cabo estrategias de marketing para que X persona adquiera X producto sin tener necesidad alguna de comprarlo. También, he de mencionar que el hecho de crear el estado de bienestar en base a amenazas a países con una capacidad menor es considerado por mis ojos como muy inmoral. Un ejemplo perfecto para mencionar la superioridad de los estados desarrollados sobre el resto hay que ir a los Estados Unidos con las diversas amenazas a países ricos en petróleo como Venezuela, Irak o Libia para que el precio de su producto sea inferior al de otros mercados.
A continuación, Vitalis y Mattelart vierten una consideración de controversia: desde su óptica, a partir de los atentados del 11S, el país fomenta la inseguridad sobre la ciudadanía. Para fortalecer la sospecha del gobierno al país se decide difundir mediante los medios de comunicación convencionales (prensa, radio, televisión) con el fin de justificar las políticas hipersecuritarias y represivas, insistiendo en el control exagerado de la población civil. El hecho de no respetar la intimidad de sus habitantes puede acarrearle consecuencias negativas a la población debido a que están pagando los inocentes por los culpables.
Estas políticas generan los conocidos “estados de delación”, en los que, en el caso que la información caiga en manos equivocadas, pueden ser las élites económicas quienes hundan a todas sus competencias son tan solo un “click” dejando de lado la economía de libre mercado. No solo serán desfavorecidos los sectores económicos, también manchará a aquellas personas vulnerables. Como, por ejemplo, los discapacitados podrían ser excluidos de la sociedad.
Ahora bien, ya todos hemos leído, visto o escuchado la idea de ser espiados para obtener información nuestra. Mientras estoy escribiendo este ensayo seguramente estaré siendo espiado por la cámara de mi ordenador, al igual que usted que está leyendo mi trabajo. El hecho de perder nuestra intimidad es más grave de lo que parece.
Legislativamente hablando, el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece “el derecho a la vida privada es un derecho humano, y que nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, ni su familia, ni cualquier entidad, ni de ataques a su honra o su reputación”, por lo que hablaríamos de una falta gravísima a la declaración ya mencionada. Con un valor menor a nivel internacional, también encontramos la constitución española de 1978 donde encontramos el artículo 18. Dicho artículo “garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen. El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito.” Esta estrategia de información me parece menos inmoral que la anterior, pero el hecho de ser menor no significa que no lo sea. Puesto que, además de ser inmoral, es ilegal como ya he mencionado.
A posteriori, se hace un repaso a las informaciones históricas expresadas en los capítulos anteriores. Durante el siglo XIX (1800) los estados se basaban en la compra de datos de personas sospechosas a la policía. 100 años después, la compra era administrativa y burocrática de las masas para garantizar el “Estados Providencia”. En nuestro tiempo, las cosas han cambiado mucho a la conocida dos siglos atrás, esta vez son compras de información mundial hacia todo en el mundo donde entran en papel las redes sociales. Y, una vez mencionadas estas páginas donde los usuarios proporcionan mucha información a todo el mundo, cabe hablar sobre una de las ideas más interesantes de todas las presentadas en el capítulo. La llamada teoría del “doble informático”. Un fragmento en el que se recoge y explica este concepto de manera elocuente es este:
“La interconexión entre archivos, hasta ahora separados, conduce a una trasparencia total del individuo, que, a partir de ahora, deberá coexistir con un “doble informático”, a partir del cual se tomarán numerosas decisiones sobre aquel. El establecimiento de perfiles muestra que se pueden fabricar informaciones nuevas a partir de informaciones recopiladas. Los perfiles y las segmentaciones de los comportamientos realizadas constituirán valiosas herramientas para prevenir y gestionar los riesgos sociales mediante la atribución a los individuos de identidades prefabricadas por medio de cálculos estadísticos.”
Como es lógico, todas aquellas personas que usan las redes sociales cuentan con un doble informático. Una doble personalidad que, usualmente, está basada en nuestra realidad original
En este ámbito es criticable la actitud de aquellas personas que no quieren compartir sus puntos de vistas y tienen una cuenta de Twitter como diario personal. Puesto que hay una incoherencia demasiado grande para tener una explicación lógica.
Es verdad que la llegada de estas páginas nos ha ayudado como sociedad, pero también es verdad que nos podría ser contraproducente. Todo depende del uso. Un uso negativo sería en lo que conocemos como hackers o cualquier persona que se esconde detrás de una falsa personalidad.
Pero no toda la información personal, que brindamos es mediante nuestro móvil. ¿Nunca se ha parado a pensar que la policía, ejército, seguridad social, correos, entre otras entidades nacionales han conseguido lucrarse en base a nuestra información a costa de empresas nacionales que la necesitan para poder incrementar uno o dos billones sus ventas? Puede ser una realidad lo recién dicho. Todo tiene que ver con los ficheros que nosotros rellenamos un día para poder tener la sanidad pública, establecernos en un domicilio, cobrar el paro, cobrar la jubilación u otros. Incontestablemente, disponen de todos estos ficheros, junto con sus eventuales conexiones, constituye una amenaza para la preservación de la vida privada. Esta cuestión está relacionada con las políticas de control, no de forma de espionaje, pero si mediante nuestra información. Y por el doble informativo en el que nos han metido los dichosos y fundamentales ficheros. Es fundamental que el cartero sepa donde tiene que enviar las cartas, pero es igual de importante respetar la intimidad de los habitantes de esa vivienda, por ejemplo.
El capítulo se acaba ejemplificando el problema de los ficheros en Francia, desde 1978 hasta la actualidad (2015).
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